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Cuenta la leyenda que en Azuelo vivían dos pobres huérfanas sometidas a la esclavitud por su madrastra; en una ocasión se fugaron aprovechando un descuido de ella y fueron a refugiarse al monte. Viendo que entrada la noche las hermanas no habían regresado, la madrastra pronunció una maldición: "¡Ojalá se vuelvan piedras!". A las hermanas no se les volvió a ver jamás, aunque a la mañana siguiente de su desaparición había junto al camino de Codés dos enormes rocas, una grande y otra menor, como eran las protagonistas de la leyenda.
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