Buenos días. Lunes, 25 de septiembre de 2017
Azuelo
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EXPOSICION “LA COLADA”

                Hacer la “colada” es una de las tareas domésticas más antiguas que se conocen. Aunque el proceso para hacer la colada es diferente en las distintas culturas, y se ha ido modificando a lo largo del tiempo, las necesidades básicas del consumidor no han cambiado: eliminar la suciedad y dejar la ropa limpia.

La exposición “La colada” se inauguró en Azuelo el pasado día 28 de julio, el Día de Nuestros Mayores, y se podrá visitar durante todo el mes de agosto, los días laborables de 18´00 a 20´00 h. y los sábados y festivos con el mismo horario de tarde y de 12´00 a 14´00 h. por la mañana.
 
Todos los años durante el verano la Asociación Santa Engracia monta una exposición etnográfica con un tema concreto de la vida laboral, social, cultural, lúdica o religiosa de Azuelo. En años anteriores pudimos ver “La Tienda de Azuelo”, “Juegos y juguetes antíguos”, “La escuela de Azuelo”, “Labores de antaño”, “La caza y la pesca en Azuelo”… Este año la exposición bajo el epígrafe “La Colada” nos lleva por un recorrido histórico que nos muestra la evolución de la colada de la ropa desde el río hasta la lavadora automática.
 
La exposición está ubicada en la planta baja de la Casa La Conrada, la “Casa Encantada” de Azuelo. Se inicia la visita con la recreación de un gran río que tiene su nacimiento en un pinar donde entre los pinos se pueden ver animales de la fauna silvestre como la jineta, la ardilla, el jabalí… y algún nido de diversos pájaros; en el fondo del río entre las piedras se ven los cangrejos y en una de sus orillas una lavandera ataviada con ropas de principios del siglo XX está haciendo la colada arrodillada dentro de un cajón de madera que la aísla de la humedad mientras una parte de su colada, enaguas, pololos, calzoncillos pulgueros se seca tendida al sol. En la otra orilla del río un canal de madera, un tronco de chopo vaciado a mano, aporta entre los chopos agua al río procedente de un pequeño manantial.
 
Todo el agua del río confluye en un hermoso lavadero, copia de uno de los dos lavaderos que existen en Azuelo, uno medieval y el otro de 1.904. Aquí otra mujer está haciendo la colada ataviada con vestimentas de los años cuarenta del siglo pasado. Tras visitar el lavadero se pasa a ver la colada en la fregadera cuando el agua corriente llegó a las casas, que en Azuelo fue el año1948. En la fregadera se lavaba sobre una tabla estriada, la tabla de lavar, que en ella se colocaba para facilitar la labor del lavado de la ropa.
 
Por fin llegaron las primeras lavadoras allí por los años cincuenta y sesenta del siglo XX. En la exposición también se puede ver la evolución de las lavadoras, desde la manual a la automática, desde la más sencilla a la más complicada. Una tercera mujer vestida con ropa de los años sesenta está lavando con la lavadora más antigua de la exposición, una joya de lavadora manual hoy en día muy difícil de encontrar hasta en los más completos museos etnográficos.
 
En la exposición se pueden ver los diversos productos y “artilugios” que se utilizaron para hacer la colada. Desde el jabón artesano hecho en casa, pasando por las pastillas de “Chimbo” o “Lagarto” hasta los detergentes Norit y Persil, sin olvidarnos del “Azulete”. La lejía, desde las botellas más antiguas de “La Paloma” hasta “El Conejo”. Los elementos para cerner la ceniza con la que blanquear la ropa en cuencos de cerámica en un principio y de latón más tarde. En la exposición se han montado los dos tipos de cuenco aunque el que está preparado para cerner la ropa y blanquearla es el más antiguo, el de cerámica; en él está colocadas las sábanas y otra ropa blanca para lavar. Encima de la ropa blanca hay una tela de lienzo y la ceniza tamizada. La tela de lienzo tiene la finalidad de no dejar pasar la ceniza a la ropa para no mancharla; se vierte el agua caliente encima de la ceniza (el agua y la ceniza hacen lejía) y se deja que el agua “cuele” entre la ropa y salga por la parte inferior del cuenco que está asentado sobre una gran tremiz de piedra con un caño que vierte el agua a un barreño, también de cerámica; este agua se volvía a calentar otra vez y se iniciaba de nuevo el proceso, así una vez y otra vez hasta que la acción de la lejía lavara la ropa. Este blanqueado de la ropa solía durar todo un día.
 
Otro de los artilugios que se utilizaban en la colada y que igualmente se puede ver en la exposición, era el brasero con su azufrador. Un brasero al que se lechaba azufre para quemar; sobre el brasero se colocaba un bastidor de madera de castaño del que se colgaba la ropa para secar. Aquí se secaban las ropas que habían estado en contacto con enfermos ya que la acción del azufre con el fuego desinfectaba la ropa.

            Se cierra la exposición con un tendedero donde están colgadas sábanas con puntillas y bordados a mano que hacen las delicias de las mujeres que en su ajueres de novia iban incluidas estas sábanas y que hoy en muchos casos están olvidadas en el fondo de los armarios.



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