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Aparece documentado el cenobio en una donación de Sancho Abarca del 992, y en otra de García el Tembloroso cuatro años posterior, en las que se menciona a Jimeno como su abad. En 1502, el rey Don García lo anexionó al monasterio riojano de Santa María la Real de Nájera, trasladándose a este cenobio muchas de las reliquias que poseía; a partir de esa fecha se convirtió en priorato dependiente de Nájera. El priorato existió hasta la Desamortización del siglo XIX.
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